lunes, 11 de julio de 2011

Antología POÉTICA I


Hoy, la paz es un misterio

Hoy, la paz es un misterio:
una palabra de guerra,
un eufemismo que encierra...

Dicen paz al cautiverio,
de quien vive sin criterio
agachando la cabeza,
ante toda la vileza
que se extiende por el mundo.
Sin amor a lo fecundo;
la paz es una rareza.
Cuando reine la belleza
sobre las actuales penas
y se viva sin cadenas,
sin el dogma que te reza
a quien tener por alteza;
encontraremos la paz.
Hoy le sirve de antifaz
a los que se aspiran reyes,
menospreciando la leyes
en su delirio falaz.
La paz lleva en sí al amor
en limpieza de conciencia,
para vivir en decencia
prevaleciendo el honor.
La actualidad causa horror
y la paz es desconcierto…
Hoy, sólo tengo por cierto
que esta vida es un desastre,
al pobre va todo el lastre
y el futuro es algo incierto.


Del Quijote

Sancho, no fueron molinos
los que retaron mi fe.
Hoy, a los años, lo sé…
fueron sueños cervantinos
que hicieron nuestros destinos
atados a los “porqué”.
Mas no me arrepentiré
de haber corrido caminos
buscando gloria y ventura,
lanza en ristre cabalgando
para mejorar el mundo.
Hoy dicen que fue locura,
pero yo sigo añorando
ese arrebato fecundo.

Vaya usted por Rocinante
-no olvidar lanza y escudo-
y póngase corajudo
que lo noto algo distante.
Vamos que estoy de talante
para el rebato más rudo.
Siento el llamado y acudo
muy bien dispuesto y galante.
(Casi avergüenza su panza
de tanto darse a la mesa
y extasiarse en la dulzura).
Siempre tuve la esperanza
de regresar a la empresa;
dado al bien, con mi cordura.

Pues, sí señor, mi cordura;
que no mermo inteligencia
y voy de a bien con la ciencia
para crecer mi estatura.
Aunque se me ha confundido
la tierra, y eso preocupa…
mas, también, eso me aúpa
a lo que me he prometido:
Cabalgaré por el mundo
con los ojos bien abiertos
guarecido en mi valor.
Le convido a lo fecundo,
a desentrañar entuertos
y enaltecer el honor.

¡Dios, qué ha sido de este mundo!
Yo descansé esperanzado
luego de haber señalado
el camino a lo fecundo.
Por eso es que hoy yo me duelo
en tanta desgracia humana;
donde la riqueza hermana
contra el humilde desvelo
a los diablos poderosos,
que ceban sus intereses
apoyados en la fuerza.
Mientras hombres decorosos
discuten por pequeñeces
y la razón se dispersa!


Cuando se razona poco
-oiga usted, que se entretiene-
y el dinero es quien sostiene,
al gallardo dicen loco
y es paria el hombre de bien;
quienes brillan en sus luces
tienen asignadas cruces
o plomos para su sien.
¡Paño frío a mi cabeza!
Corra Sancho por favor,
que temo el seso me estalle.
Cómo puede ser rareza
en esta vida el amor.
No lograrán que me calle

ni me habrán de acoquinar
con sus molinos monstruosos
sus decretos alevosos
y sus medios de acallar.
No aguanta baldón mi pecho
ni se me arrugan las partes.
Antes sus mañosas artes
no han de sorprenderme en lecho.
Ándome siempre dispuesto
muy bien abiertos los ojos
y el acero al descubierto.
Espero se encuentre presto
y se aguante los antojos
-por conocerle, le alerto-.


Quién diría, que hoy en día
he de volver a montar,
yo que pensaba pasar
el resto en plena armonía.
Han de ver que no estoy muerto,
que a la injusticia renazco;
sé que con ello desplazco
a los que gozan concierto
en el desajuste actual
de éste sálvese quien pueda,
que hace la vida dolor.
Pues me tendrá de rival
todo accionar que transgreda
los preceptos del honor.

Sancho nos llama el camino
y el sagrado juramento;
¡déjeseme de lamento
y déle descanso al vino!
Vamos a nuestra ventura
sin resguardarnos el pecho
por regresar el derecho,
el amor y la cordura.
Seremos de utilidad
a los que claman justicia
y el regreso a la verdad.
Combatamos la impudicia
y el reino de la maldad
que se ha unido a la avaricia.

Pichy