miércoles, 20 de marzo de 2013

Desmenudeado

Diminuto en su cuerpo tumbado,
un hombre valúa sus flaquezas
—razones de su hormigueo sensorial—.

Supone conflictos inevitables, y se refugia
a manera de conciliábulo,
que con prudencia clandestina
progresa entre las sombras.

Cohabita pantomimas y caricaturas.
Asegura que recurre
en pos de terceras opciones.
Tal mudado por íntima tribulación
enaltece su mejor atributo. 
Paréale cualquiera de las extrañas bardillas
en su renuncia al mundano escozor
que avasalla en los estropicios.
Imposibilitado, no concibe amparo
en la coyuntura que le depone.
Residual, mínimo, escamotea cualquier luz.
Cohabita con gestas singulares
que oscilan en sus fantasías,
soberbio a pesar de todo.

La presión de esta ciudad
valida las pirámides invertidas,
donde muchachas anticipadas
desnudan la gracia de los ojos
cansados y oprimidos,
atolondrados por el intenso ritmo;
ya incapaces de testificar, con buena razón,
la inclemencia de esta escapatoria
hacia una infinita rumba.

Pichy