martes, 28 de mayo de 2013

En casa del enemigo

Consumido el saludo y la reverencia,

palabras de acogida y otros simulacros,

esperan los regalos;


que la deferencia se les recompense.

Sabrás que todo les resulta poco

que no les alcanza la gratitud;

ni el compromiso de la sincera lealtad,

les resulta de interés.



En la casa del enemigo,

nunca alcanzarás el sincero beneplácito,

la mácula será indeleble

y los ojos perseguirán tu nuca;

tus palabras serán sopesadas

y medidas con reservas.



No te valdrán rebajas de torso y tributos.

Sabrás, que no hay decoro de vida

después de la traición o el sometimiento;

más allá de ese abismo de la nulidad,

sólo queda ese no ser, que es la carencia.


Pichy