martes, 17 de marzo de 2015

SIN EXIGENCIAS

Qué la luz no me ciegue,

que la sombra no me tenga como su única posibilidad,


que no digan que se hizo justicia.


Qué coexistiendo con las horas más delgadas


no me exijan la intrepidez  del más alto vuelo,


cuando no guardo ni un pañuelo de la belleza;


porque me obligaron a otros usos


y no alcanzó la tela para achicarme


las aguas de tantos reveses.



Cómo cantar la hermosura que me negaron,


atribulado por los dogmas filosofales 


de una rala fealdad, donde lo bello olía a burgués.

Renacer a la poética como la voz del buen gusto


luego de tanto realismo panfletario


conlleva su tiempo y liberaciones.




Quienes juzguen estos versos no me conocerán


ni se harán cargo de la época:


digo, porque lo más seguro es que nadie los lea.


Aunque, al final, poco ha de importarme


si alguien los lee o mis hijas los echan al cesto.


Sentí la imperiosa necesidad de escribirlos


y el desahogo me alivió la boca.


Feliz del desembarazo me regalo el gozo


que sin tributación alguna,


por mis reales asumo.

Pichy