martes, 14 de abril de 2015

DE ESPALDAS A LA CIUDAD


Cuando la inteligencia se atesta de animales,
sombríos hasta lo arqueológico,
se apocan los pensamientos lúcidos
que hacen la circunspección de la madurez.
Entonces gusto de la intemperie
en las playas desiertas
y liberar la mente tras los barcos
que zarpan
hacia los más insólitos destinos
—a quien requiere singladuras
poco importan
las derivas y los rumbos—.

La ansiedad reclama agua y distancia
hasta coincidir el horizonte con el cielo.

El gris de la ciudad me desespera
en la monotonía que asfixia;
por eso sentado sobre el muro
le doy la espalda, frente al mar que me salva,
y me decido
por la resistencia emancipadora.
Rehaciéndome
más allá de la idiotez, que se premia.

Pichy