jueves, 23 de abril de 2015

DESEMEJANTE


Te deseo inimaginable, única, sin costuras
ni tatuajes de inducidos avatares.

Te quiero sin versos remediables
cantando protestas contra la simpatía
de los asumibles
y el amor burgués de los corazones rotos.   
Innavegable como el Quibú,
rebelde como una hippie de los 60
o una indignada de la actualidad.

Te requiebro introversa y abierta —contradictoria—
con las uñas rotas y el pelo desobediente,
inventándote cuadernas
de los huesos crujientes al desordenado compás
del nuevo ritmo —que no saben, nos repite—.

Te prefiero desamoradamente increíble
con tu filosofía de intemperies.
Sin las debilidades de la cordura circunspecta
que tanto aburre y estaciona la existencia
sobre las malditas circunstancias del revés,
donde el amor es el acto mecánico
de acoplarse hasta el bostezo.
Pichy