jueves, 1 de junio de 2017

DESENTRAÑAMIENTO



Cuando abrí los ojos ya existían los abismos
y las danzas demudaban el ritmo ancestral,
convulsas por la maravilla azul
de tanta luz renaciendo a la Isla.


Refractarios, en nuestra insularidad,
subsistíamos contra la alcurnia
de los continentes y sus geófagos.

Los argumentos que atesoré
—en las calles de la infancia—
se tornan mortíferos dardos
que disocian las posibles reconciliaciones
con este presente
de escepticismos vernáculos
y convites foráneos
que enrumban hacia lo incognoscible.

El hambre de ser renueva los sueños
hasta lo inaudito de las elípticas sociales
que urden los aterramientos de la vivencia
para cercarnos con las hostiles miserias,
de la objetividad y sus púas, 
los resquicios de la memoria.

El asedio crea sus astillas en cada rozadura
contra las razones intelectivas del bien
y siento que camino sobre cristales
hacia espurios esplendores
de un futuro cabalístico.

La avidez por desentrañarme
constriñe esta asfixia entre residuos
de las palabras que muerdo.

Pichy