POETAS CUBANOS CONTEMPORÁNEOS


Victor Fowler Calzada. Poeta, narrador y ensayista




Confesionario

                                        ¿Oye alguien mi canción?

                                             José Lezama Lima

Yo que no he visto los sauces
donde supongo cantan aves fabulosas
y que tampoco amo las palmas
ni el sonido del aire entre las cañas
¿Alguien vendrá a cargar con mis baúles,
a jugarse por mí la vida si hace falta
en el riesgoso y prolongado viaje?
Yo no he visto la nieve,
pero tampoco siento excitación
contemplando los animales que poseo
mientras pastan en la llanura inmensa y verde.
Sin embargo, el rumor de lejanas cascadas
me acelera el ritmo de la sangre.
Esa agua que salta en mi imaginación
es más real que ningún otra
porque baña mi espíritu y me calma.
y es el agua más segura que conozco.
Cuando el ave atraviesa los océanos
no piensa que es tan cruel la lejanía.
Yo que no he visto la nieve
he jugado entonces con la nieve,
la he abrazado como se abraza
a una hermana perdida.
Yo que no he escuchado el aullido de los lobos
hay noches en las que tiemblo
mientras pelean a mi puerta.
¿Entiendes ya que los sauces no existen
ni la nieve?
No son más que una sábana lanzada
encima de un animal que duerme.
¿Alguien escucha mi canción,
está dispuesto a jugarse todo por mi canción?
Los rollos de seda chinos
donde aparece dibujado un unicornio
con un carbunclo en la frente,
no son más que la sábana que esconde
al animal que duerme.

De lo perdido
Nada de lo perdido volverá con la lluvia.
Las voces, los gestos de aquellos
a quienes deseábamos
y ahora son un hueco en la respiración.
Quemaduras al borde de las mesas
en las paredes, encima de la piel.
El agua será una purificación
pero no es un regreso.
No vuelven los objetos, ni sonidos,
ni escenas que tuvieron algún significado
o incumplieron su misión.
Tal vez, mientras observamos absortos
la enorme pared de agua que se desploma,
pasa lo Perdido, aunque irreconocible ya.
La memoria lo ha transformado en bucólico.
¿Quién tocaba a la puerta aquella vez?
¿Qué mano recorría los caballos
haciendo breves surcos
y era un placer sentirla?
Sensaciones lejanas, perdidas. Tal vez enfrente de nuestros ojos
todo se repite, pero gastadas las formas,
como en los aquelarres. Quemaduras al borde de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
Quemaduras en el cerebro. Establecer analogías con el agua
es peligroso en este país
donde nunca termina de llover

La cicatriz
Entre las puntadas, semejantes a picotazos
de aves que hubieran descendido a comer
de ti, se escucha el diálogo de la vida y
la muerte, el río de la escritura creciendo
sobre la piel. Los sonidos del cuerpo y el oído
los despierta cuando la cabeza reposa allí:
en la cicatriz. El dolor y los acontecimientos.
Al pasar un dedo sobre ella, igual que en
una página, los signos del sentido
combaten y armas líneas de brillo en la
noche que nos cubre. Es tu historia,
la huella de esas aves en el vientre
como sus patas en arena o nieve, lo que
hayan sido tus alegrías o sufrimiento,
la soledad o la plenitud que esperas.
Las palabras, como pequeños soles,
ardiendo dentro del libro de tu cuerpo
y entonces no hay más oscuridad.

Duele
Al tomarle la mano –sus venas gruesas igual a
caminos– reclama una genealogía; al recorrer tu
dolor o sus marcas. Quiere el trabajo para sí,
lo que hayas padecido cual si pudiese dividirlo
en sorbos que paladea durante días; los días
en los que es poseído por tu visión. Quiere el
páramo, el peso y la noche que atraviesas,
las huellas para sí. Quiere asimilar el desierto.
Pisarías ese cuerpo dejando heridas, corteza de
árboles, y él despejaría el camino para ti, cargaría
las piedras con igual suavidad que a niños al
quedar dormidos, pondría el agua en su pecho
y te protegería. Buscaría el centro, el aluvión,
la semilla que la mano siembra. La mano que
reparte los signos.

Nevada
Ponía el puño de nieve en la boca, la blanca
piedra de los copos. Se adelantaba a la muerte,
jugaba al deslumbramiento mientras rozaba
la piel erizada del invierno. Con pies descalzos,
con las imágenes. Entre montículos de nieve,
el entumecimiento de los dedos hasta que invade
un sueño dulce y final. Se ven escenas irreales
entonces y sí, estabas al final de los países
vertiginosos. Ola y relámpago, manantial, aguijón.
Como si fuera posible la idea de un bosque
placentero dentro de la nevada, encima de
la yerba o el lecho, estabas tú y estaba tu
secreto. Sobre la lengua adormecida a imitación
de la muerte, entre los copos que llenaban
la garganta. Y era tu piel la nieve y el olvido.

El sembrador
He visto el polvo de las celebraciones llenar las calles
antes de que el viento lo desaparezca. Cuando llegaba
la felicidad como una orden, la alegría tejida desde la
semana anterior. Entre el estruendo y la música,
inmensa, de la altura de los edificios, y las sonrisas de
quienes entonces eran mis amigos. Siempre lo quise:
ser uno en la multitud que se aprestaba a confirmar,
que me barrieran, a la mañana siguiente, junto con el
polvo de las celebraciones. Era dueño de esas calles
al caminar por ellas, del cielo desde el cual descendía
la lluvia de papeles recortados, el nombre de la figura
a vitorear. Sabía conjurar cualquier sorpresa, protegido
como me sentía por escudos tan enormes como el país
y el tiempo. Ellos se alejaban, veloces, pero yo seguía
siendo —o, al menos, así lo creía— el Sembrador.


José Luis Fariñas. Pintor y poeta

Tamborileo
Que suenen a Mozart los mágicos errores,
estudia sin piedad las malas pasadas
pero no ensucies la arena,
recrea con el tambor que te persigue,
el tambor nuestro de cada pena,
recóndito trasto de compás entero,
escondido en plena superficie
como un bastón de madera despreciable y única,
semejante al esqueleto de un paraguas ritual,
idéntico a un abrazo detenido que entrepunza,
un sencillo bastón para todo.

Siéntate sobre mi silencio y desármate de nuevo.

Fragmentos I
Aunque nadie queda libre de cambio
para recomponernos,
yo he quedado vivo por ahora
y brillo de horror al madurar,
porque crecer es olvidar mal, desperezarse
y habitar halcones y zorros que no vuelven,
y escapar sin gota de ámbar
por sobre todo un lomerío de peldaños,
quemando la envoltura
a diestra y siniestra.

Fragmentos II
Mitad arpegio, mitad página borrada
en pos de oros y bálsamos
acontecemos, imperdonables,
matando comienzos
por estar faltos de lo más sencillo
y porque la broma sabe a carne
y el autogiro no cuenta
aunque nos doble
para mejor diseccionarnos
formando la base de todo
confiadamente,
hasta que aprendemos,
por las buenas y las malas,
a velar como un elástico yacente
al costado de la queja invulnerable.

Fragmentos IV
Yo que apenas parezco lo que ni soy,
te entrego el pavor y la morada de mis juncos,
el control ilegible de la roca,
el llegar allá que en falso nos apenaba,
esas raíces de la tarde quiero dejarte hoy
para que olvides mejor si nada quieres,
para que algo sobreviva de estas naderías,
por si acaso lo quisieras todo.
Toma mis puñados de rescoldo glacial,
acepta las jorobas de los reinos
y barre mejor tu senda;
limpia bien lo que oigas, lo que veas y lo que traigas;
pule mi laja con estos hornos bajo el mar,
límpialo todo cayéndote detrás de ti
para luego reírnos juntos y despedregar en el aire
las marismas y el asiento del cobre final.

Nadir
En esa calma renacemos,
a ella se deben la colmena y tus palabras,
la renuncia que en las aguas se completa.
En un círculo duermen los olivos,
junto al recto callar de tierras perdidas,
partida simple de cada ruina,
como en una ofrenda de horas pequeñas
en suma de sombras
desde moradas sin ropaje.
Los libros de la creación están cerrados
pero la claridad se derrama por inercia,
como el cantar inesperado que nos derriba
entre las cosas del abismo,
en este permanecer cayendo entre crisálidas,
en este breve más allá que nos dejas al pasar.


Osmán Avilés

Báculo
Al borde del abismo
los dardos rebasan mis fuerzas.
Soy el incorregible
que remeda enjabonaduras
y debajo del agua
extravía los rastros la memoria.
Niestzche se burla de mí:
no sé si por la demencia
o el relativismo.
Aromas lavan el placer
de rollizos ébanos.
No purifican.
Tal vez Dios
confunde una verdad
con malogradas razones.
Busco un báculo
desesperadamente
la inconsciencia
en las súplicas
que subyugan mi espalda...
Acércate,
ayúdame a recoger
estos fragmentos.


Irela Casañas

Escribir en la arena sin que la ola alcance el rasgo
afirmar con los ojos cuando nadie da el rostro
es superior el agua impotente en su golpe
al humilde temor de no lanzarse

Física pero no real
será la orilla de los mapas
cuando en tus pies se encarnen las minúsculas piedras
ya no serás la parte del borde subrayado
ni del paisaje escrito
ni de los brazos que despiden
se es forastero
repetidor
de soledades

He dejado marchar a quien respira
en todos los lugares de próximo abandono
he escrito sus mensajes en espacios
que habrán de disolverse
la duración es el deseo
pero existe
esa mezcla de tiempos y fronteras
que no tiene remedio
con palabras.


Niurka Valdés

Plegaria nocturna frente al mar
Olokun,
abre tus brazos
concédeme un trozo de mar
donde guardar los secretos de mi lengua
y las palabras que abrirán los ojos de la noche.
no dejes que mi madre unte sus labios con la sal
de mis manos rotas,
no me devuelvas a la turbamulta
los aplausos
los gritos de vivas en las plazas.
que mis palabras no teman encontrar
el camino del guerrero negro
que no besé antes de partir,
salva su piel de los cuchillos,
déjalo dormir en tus arenas
deja que encuentre mis pisadas.
Olokun, Madre Mayor,
haz que mis huesos
no huelan a hierro sino a violetas y pájaros libres
concédeme un trozo de mar
donde no puedan partir
en dos mitades
mi lengua.


Taimí Ocampo
Para calipso un pretexto de sal
y barcos muchos barcos

A Giselle, mar y puerto

Insisto en regalarte barcos.
Inundaciones de papel plegado a tu salud
un café, por favor…
Ante la inmediatez del mar
levar anclar Ítaca permanece
aunque los mapas la deshilen
«lo menos tierra de la tierra»
¿qué ninfa reina se contenta
con habitar escasamente
el mascarón de proa?
Y contestó el oráculo
mezclando sumo de laurel
con vapores mefíticos:

en sus dominios
no hallarán saciedad
pues sabe cómo alimentar…
desdibuja con mirra
los pies del amante
muy pocos regresaron…
deberás eludir
las sajaduras dactilares…

Izar velas
si aún pretendes la muerte
en la exigua región donde naciste,
¿para Calipso?
un pretexto de sal…
Y de regreso al polvo
insisto en relegar a tu salud
pequeñas islas de papel.


Fabián Suárez

Álbum Familiar
Mis tíos ya no viven en Cape Coral.
Los mató la nostalgia y vuelven
para repatriarse.
Qué palabra extraña.
Repatriarse:
otra vez en la tierra de uno.
Mis tíos regresan a la ciudad
donde fueron pobres y felices.
Meses de entrevistas
valdrá el documento aclaratorio
que dicta son actos para la repatriación.
Nuestra vida sigue igual.
Sólo que ellos
(mis tíos que vivían en Cape Coral)
ahora están en la casa de antes.
La familia reunida alrededor
del puerco y las cervezas.
Miramos a la cámara.
Es 31 de diciembre.
Sonreímos con la ilusión
de que podamos ser los mismos.


Moisés Mayán

Guardabosques en el vasto mar de los sargazos
por Baracoa
Ven, miremos juntos el rompeolas
como dos amigos que fatigados de culpa
lanzan desde un puente un signo incriminatorio.
A veces prefiero ser agua. Asumir la simplicidad del agua.
He aquí el núcleo mismo de las contemplaciones:
Los hombres necesitan fragmentarse. Encontrar su escollo.
Bullir reducidos a nada sobre la arena. Dispersos.
Agitándose como peces ciegos hacia la hecatombe.

Juguemos, por favor, a los ahogados.
Quizás alguien tienda sus garfios hacia nosotros
y advierta que realmente somos agua.
Entonces, ¿por qué razón el mar no quiere llevarnos?,
¿por qué se niega el vasto mar de los sargazos?

Hay un pájaro que aleja tu nombre
y otro pájaro macera el fuego de sus sílabas
en el agua mil veces recordada.
Flotas contra los pilotes de la antigua casa
sordo a mis súplicas. Terriblemente extraño.
Llevas la espalda cubierta por misivas
para amanecer nadie sabe en brazos de quién.
Nadie sabe en qué isla o rompiente.

Guardabosques en el vasto mar de los sargazos
regrésanos la piel que tendíamos al sol
los ojos miopes atisbando caballos y corales.
Ofrece el cuerpo a los derrumbamientos.
Todo se astilla en la tarde que colapsa,
apenas sobrevive el rompeolas, las eslabonadas anclas
sometiéndonos al espesor de la bahía,
al silencio que cargamos sobre la cruz y el agua,
juntos como dos parroquianos.


Lisandra Navas

Sortilegio de una esfera
No tengo fe
Veo a Judas a Cristo
uno tiene las monedas
el otro la corona de espinas
Ambos me acompañan
me confunden con el mismo rostro
No llevo el hilo en este laberinto
pero debo hallar la salida
Intento salvarme con la verdad entre las manos
Siento que alguien grita el porvenir
y me cubro los oídos
Necesito aliviar el espacio
recoger el tiempo en bolsas de nailon
Hay cosas que giran
amenazan con sacarme de la línea
y temo perderme
La muerte está al teléfono
no quiero irme
Aunque no conozca la palabra precisa
debo salir de esta esfera
Aunque nunca sea suficiente anhelo ser pez
sentir que tengo escamas
para escapar entre los arrecifes


Zoé Valdés

LOS ESPACIOS IMAGINARIOS
Nos nombra
y asistimos al escondite,
al inexistente elemento.
Nos piensa indiferente,
jugamos con su insinuación,
exorcizados.
Nos escucha,
nos pide el cuerpo,
nos devuelve nuestra sombra en mármol.
Ya somos las estatuas del aire.


Norberto Codina

El Evangelio,

según…

Rebélate, rebélate contra la muerte de la luz.
D. Thomas.
El hombre, como un animal cansado
da dos vueltas y se echa en sí mismo
se deja caer desde su yo y su memoria
desde la médula y el primer aroma de la infancia
desde el crucifijo y la pila bautismal
a los nueve años en la iglesia del Carmen.
Y aún antes, desde el primer semen
la primera lágrima, la primera sangre
de la madre posesiva y el padre mercader.
Desde el primer rincón en el fondo de la caverna
a la luz de unas brasas agónicas
entre la niebla de los fluidos
mientras la furia y el aliento del gran tigre acechan.
El hombre resucita y se desploma
en su eterno dolor de perder y recobrarse.
¿Dónde la manada, el recuerdo
molecular del cazador con el crujido de la presa
el palio, el sol hermoso y el sexo irrepetible?
Si fue dios, y cayó de sí mismo.
Si se cansó de ser héroe y traicionó
su casa
mató al niño y no pudo
contener el pulso del carnicero.
Fue escupido y perdonado
por su rebeldía y su servidumbre
y no puede ser hoy más
que la atávica sombra de la derrota
que se alarga desde el pasado
sobre los médanos del Coro
expedicionario de sus miedos
acumulados como las piedras
de una fortaleza troyana
llámese
san Severino, san Juan de Ulúa
o san Juan de Arce.
Un resplandor más allá de la selva
más allá del iris del “gran dientes de sable”
un punto luminoso
perdido en los senos de la hembra
o en el capullo cortado que le perturba.
Da dos vueltas, lentas y duras
cae sobre su costado
se aplasta en el silencio de la tormenta
en el árbol de su cadalso
reza por algo imposible, siempre ha sido así
tiembla, se estremece, materia en cámara lenta
arranca la última brasa
el carboncillo agónico que todos le niegan.
Y vuelve a desandar con la cruz
con el manifiesto a los obreros silenciosos
con los dogmas, y las leyes, y los principios
que lo hicieron, santísima trinidad
huérfano–adúltero–profano–pobre diablo
espiral elevada de sus derrotas
rostro común, mano triste
la arruga, el callo, la joroba
la hosca y flaca palidez del que alumbrará
a su padre, a su hijo, a su otro yo, al emigrante.


Mioara Cabrera Castillo

Resurrección del amarillo
Los magníficos muchachos se llevan mi aliento por el río,
burlan las fundaciones de mi fiebre, y en las lianas
me dejan contemplada. Yo sueño. Yo siempre sueño
entre las paredes del agua, y la lluvia como fino cabello
cae sobre la espalda. Orea la brisa, por el otoño regresan
acertijos de mi lengua.
Alguien me imagina desnuda bajo el paraguas

(puede costarle
el girasol de su pupila). Detrás del pozo la fiebre
tiende sus flores, el árbol su sombra como
una franja leve sobre la lejanía.


José Félix León

Relieve funerario
Recuerdo perfumes delicados:
dondequiera que esté
volveré a casa.
Hemos abierto una manta en el suelo del jardín.
En medio de la noche esperamos la nieve,
el viejo cementerio, el hospital
donde la abuela vio su último verano.
Soñaba como el faraón siete espigas rebosantes
y siete espigas muertas.
Había plantado en el jardín dos hileras de rosas
y alguna vez miró
ramas cargadas en árboles frutales,
parra encendida sobre alguna fuente
las maldijo.

Como Narciso contemplo mi rostro en un cristal.
Leíamos a Homero y sin querer
el viento dispersó unas hojas secas.
Como huelen las fuentes, las estancias,
así huelen los miembros descubiertos.
Hoy he visto trigales y a París,
cedro funerario en el sur de la costa.
Como un cruzado atisbando en la fronda
he visto las nieblas del amor.
Cuando dispuse mi brazo entre las mantas
otros labios vinieron a besar
los músculos, el torso
de los días sepultados.


Israel Domínguez Pérez

Releyendo Paradiso
De sus dientes brota una burla:
no conozco la marca del auto
en que ella y sus amigos
recorren el país.

Recuerdo cuando aquellos muchachos delicados
con la vista se decían:
“Qué horror, no sabe quién es Andrea Bocelli”.

“Releyendo Paradiso”,
respondí en un banco
donde leía por primera vez
aquellas páginas.


Maylen Domínguez Mondeja

Canción para invocar a un mago

Yo tenía, yo tenía...
S. J. PERSE
Canta Mago
para mí
di un enigma que no tenga por respuesta estar muy triste
porque vengo de tan lejos
y estas piernas han creído la verdad de los dolores.
Canta Mago
por si acaso los vigías me sorprenden
yo tenía una canción para amar en los caminos
el anuncio del profeta
yo tenía
yo tenía.
Canta Mago la canción que conduce hasta

la hora
nadie va a morirse hoy
pero canta
por si acaso
los vigías me sorprenden.


Irina Ojeda Becerra

El amante y la trampa
Usas collar de uvas para endulzarme
el pecho y lo haces florecer.
Dime, cómo nutres un labio sin riendas,
cómo, dime, tus ojos de tallo suave
logran deslavazar el vino que me recoge,
me inicia.
Punteas el furor así, bajo una fugaz hoja.

Edén que mora en mi sábana,
no anhelo el amparo, el juego de boca fluyente.
Aún me obceca hallar estanques y adormecidas trampas.

Hoy gira sobre mi lecho, amante.
Caballero sin hada del ayer,
toma estas crines que bajan a lamer tu espalda inmensa,
donde alójanse fatigas y unicornios:
y despierta por mi cintura un colibrí agobiado.

Tu figura
es un ademán sencillo, tan sencillo
que en templos el rostro enjuagas.

Para ti muy fuerte, me dices,
esta lírica danza sobre claveles, rasante.
¿Por qué dudas?
Es mi temor acaso.

Pues temo, sí...
a estos dedos con ganas por deshojar tus cumbres,
so pena de ser ahogadas
entre arroyos y chubascos.


Marcelo Morales Cintero

Humo
¿Dónde va el humo y la mirada?
¿Hacia qué punto?
he visto un rectángulo de luz rajando el centro
de mi propia vacuidad en la penumbra
las selvas de acordeones musicales
un cristal resplandecer bajo la lluvia
¿qué valor sorprende en la palabra?
tú que estás leyendo
apúrate hacia mí
hacia el espejo
a la imagen suspendida en tu cerebro
pues no sé si volveré hacia esta muerte
a mi piedra más tangente y vertical
¿estarás allí al caer el día?
¿estarán tus ojos al voltear?
polvo al polvo habré al decir
vida
ceniza
pobreza


Polina Martínez Shvietsova

Siempre al final los ríos sangran
La muerte puede ser la hermana que no tuve
Puede ser la que penetra en mi deseo.

Me desgarro en la frágil orilla del placer
soy el espectro brutal del que me escondo
Solo veo el destino de los cuervos amantes de mi piel
hombres que eyaculan ríos de sangre
y ofrecen un sucio y herrumbroso puñal
que sarcásticos entierran en mi carne.

¡Oh! cuerpo venenoso
asfixia el olor a moribundos que se arrastran
no termino de herirme con esta luz inoportuna
ya mis labios sangrientos permanecen
y hacia el corazón expanden sus tinieblas.

Soy anterior de mis ancestros
quiero podrirme con mis lágrimas
aunque la hermana pose en mis ojos su silencio.


Elio Javier Bellejero

Noche, rencor, determinados árboles
En un tiempo
el tiempo precipitó la noche
adentro
escarbaba el metal a lo ancho de la tarde

y sus manos descolgándose
iniciaron el acto de hablar a solas
ese tránsito inútil
para morir a mediados del engaño.
Hablo
de estar bajo mis párpados
hasta dolerme otras veces;
levantarme quizá
desplazar mis ruinas como un hecho inadvertido:
sólo una forma humana es la terrible realidad...
ignorar sus ojos
el vientre aplastar porque mana a golpes de hacha.
Todo sea un hábil rencor a la medida del plomo
de otro modo
no hallarás la espuma
el claro que la noche delata
y nos ofrece su manía de hojas silvestres.

Tal vez, música cubierta por un cuerpo ausente,
descubras detrás de cada muro
el silencio del parque
engañoso y oculto por los lumínicos que la ciudad encierra

o el ruido melancólico
de determinados árboles.


Edel Morales

Desde el año de la noria
                                                                                                                           Contaba una vez un rey
que ganó su trono en la sangre.
Yo, y el que ustedes imaginan fiero,
nos hemos visto antes.

Alguna luz murió sin ser por el cansancio.
Algún ciruelo perdió raíces desde entonces.
Pero no hay día más terco que los años
de la adolescencia firme.

Yo, y el que ustedes imaginan,
preguntamos juntos.
Era el año de la noria con barcos en la costa.
Todos gritando abajo.
Todos gritando arriba.
Todos listos a caer y hacernos piedra,
mientras eso fuese una manera de elevar la confianza.

¡Qué terrible el tiempo para trastocarnos tanto!
¡Qué fulgor de espejos para confundirse uno!

Porque ocurre como en las viejas historias.

Yo, y el que ustedes imaginan,
estamos mirando hacia un cielo distinto.
Y así jamás la estrella brillará para los dos.
Así jamás el grito será igual en los parques públicos.

Somos únicamente peces regados por la crecida.

El otro, y este que ustedes imaginan fiero,
al acecho del momento de saltar.

¡Oh, voz, no calles,
antes de cruzar los miedos!


Alberto Sicilia

Barco sobre perfume
Él era un barco que busca su naufragio,
ella era perfume y fingimiento.
Buscaron en la antigua Grecia
un lugar donde acostarse un par de horas,
encontraron un poema
que hablaba del amor de Cristo.
Se indignaron;
descubrieron al autor,
un oscuro homosexual del siglo xx,
se fueron de allí sin atreverse.
Él encontró un puerto en un grabado,
y era como yo con veinte años.
Ella se dejó toda la ropa
y era como la esposa de un ministro,
desvergonzada y pura.


Wendy Guerra

DE CÓMO LOS RUSOS SE FUERON DESPIDIENDO
Ellos nunca se integraron
nos hablaban y nosotros contestábamos bailando
ellos nunca fueron parte
andaban visibles como su olor
ocultos como sus submarinos
no sé a dónde puedo dirigirles esta carta
recuerdo que enseñé a mis amigos de Moscú a fajarse sin llorar
pero ellos nunca se integraron quizás fuera el calor o las películas
poco a poco se fueron despidiendo y
KONIEC.


Carlos Augusto Alfonso

El cine al que no iba Lezama
Salgo de mi butaca hacia el proscenio (como sucede siempre)
orín de Menelao a la ciudad perdida.
Para los que vivimos películas vaqueras el Cine Majestic
es modus operandi en Trocadero,
pase a la diligencia que hay que frenar;
rienda la tendedera en Consulado.
El nailon que colgué se me tiró en el suelo.
-No lo voy a asfixiar, Cabrera no.
Dentro en la oscuridad de Pernambuco,
se molestan hablantes, porque a otros,
abanican libretas que se desencuadernan.
Cine pundonoroso a cine vándalo (pequeño recadero)
pasa sus anteojos para cazar alondras.
Por los tantos huequitos que le infringe
se las ve con los degenerados y chiflistas;
el cara de muñeca; el ofiuco de la media en el rostro;
el maestro de piano que deshonra.
Le sacan el sillón para que los case.
Los Montenegro, los Melgares, los músicos de Chuki.
Se lo ponen allí concretamente donde hace calor,
en la gaveta de Bladimir, en una recogida de carnés,
en la ciudad perdida de Menalao. Te lo ratificamos bostas.
Después del tokonoma viene el nai-lón, el combate e pancrasio,
Pascasio, los Speek. Te lo ratificamos bostas,
los travestis (los negros) los bozales, los nietos de Nené.


Susana María Pérez Royero

CHRONOS BLANC
Su sinceridad su entrega y el ver que pensamos lo mismo
Él ha deseado sexo con su hermana
No hubo desgarramientos
O sea, no dolía la verdad
Porque se estaba a tono con la vida las 24 horas
Fluyo, pero no me entrego
A veces pienso si he perdido mi sensibilidad
La sensibilidad que se descubrió con "vértigo"
Porque la religión cortó mi curso lógico
Veía el mundo sin la influencia de mi acción en él
Y eso me ha marcado
Es algo que Sophie pudo borrar
Pero ¿cómo permanecer?
Esta vez me tiraba fotos
Conversando con un hombre envuelta en una sábana
Me perseguía vestido de buzo


Mae Roque

No se aprende
Nunca se aprende a decir adiós,
faltan las palabras.
Sabemos que la soledad asecha
detrás del primer paso,
que la casa no será como antes,
apenas reconocible, nos quedarán
espacios vacíos
que trataremos de llenar con los amigos.
Pero no llegan.
En sus vidas no hay tiempo
para un pequeño dolor
y tus ganas de celebrar cualquier cosa
que no sea el recuerdo.
Nunca se aprende a decir adiós,
a separar el brazo o la pierna
que nos trajo hasta aquí
después de creer que puede ser cierto,
que al fin tuvo sentido lo amargo.
Egoístas somos,
lo sabemos.
Sabemos que los amigos
nunca aprendieron a decir adiós,
que nos esperan para celebrar
cualquier cosa
que no hable de partidas,
ni de lo que hubo antes y hoy se marcha.


Leyla Leyva

Mujer de alguien
No era la mujer de alguien, era la tuya
con el aspecto de cenefa tupida.
Echada sobre el butacón de la sala,
parezco bastante confortable.
De hecho, creo que me encuentras así,
o te has dado por vencido.
La mujer de las hipótesis o las prevenciones,
mujer de otro que pudo ser de otros
y de hecho lo fue y que hoy es toda tuya,
te hace creer cosas con algunos sagaces
ajetreos de estilo.
Sentada viendo televisión,
viéndote en el canal extremo,
luego de engañarte y perseguir seriales violentos
como una existencia desastrosa.
Sentada, porque se lo merece,
fantasea con el tipo de las exfoliaciones
que en casa apenas se convierte,
y de esa experiencia colige reservados deleites.
(Yo pretendía que otros pensaran que era adorable,
pretendía no decir grandes mentiras, por lo menos
no igual a esa de transmutarme en la fascinación
trágica de una adulta-rubia-rebajada,
que emplea a granel óxido fuerte y percibe
los riesgos de la fusión,
de la resistencia del objeto.
O como la rusa de Kiev que va sola en la tarde
camino del Tsárskoie Seló con una imbatible felicidad).
Ibas a contarme lo de la tangente variable
que ciñe el plan de la pareja,
poniendo las cuentas en cero, pero me lo sé.
Conozco al dedillo el cuento de Andreévna Górenko,
sobre todo si arrimo el aliento a la bocina
y oyes de mi voz la revelación cansada.
Tú me miras a los dos ojos y ves
el blanco punto que mueve el brillo.
Yo miro a uno solo de los tuyos, y me asusto
del reflejo que hace en él una estría varada.
Ibas a contarme, a modo de habitual coqueteo,
lo bien que me conservo
cuando me encontraste dentro de la luna del cristal,
desnuda, consumiendo plata viva,
y tuve ganas de pedírtelo ahí,
ahora que nada vale devolver el golpe sin su virtual fijeza.
Muchas horas en lo mismo,
deduciendo la tarea textual del cirujano;
cosas que conoces, que compartimos
como buenos actores.


Jorge Osorio

LOS SEMBRADORES DE MANZANOS
humilde escaño nos alumbra
vierte su sombra como un elixir

(la fruta en la cúspide
los pies en el escaño)

al acecho cazadores furtivos
–hombres abiertos hombres oscuros–
simples bandadas de chiquillos
verdaderos comedores de fruta

la fruta cada vez más breve más seca
bajo el sol

la grasa cada vez más grasa
en el vestíbulo de la vendedora
que nunca llega a alcanzar la fruta

la fruta en el escaño dispuesta para todos.


Leymen Pérez

consecuencia del bojeo
existimos después del bojeo –aún sin precisar– en un período
dentro de otro período grupo inferior: paleolítico y mesolítico
zona tardía con pequeñas violencias cuenca fuera del mapa
de 1500 centro y sur rotos sin horizonte sin vecindad compartida

existimos en una frontera bajo un filo de canto en descenso perpetuo
hacia una naturaleza muerta mejor hacia una colonial naturaleza
arrancada tierra/espíritu adentro como una noción de conquista
lenta o rápida según el filo de canto y la forma en que permanecen
los muertos sean traídos o no a respirar la corriente de silencio
que crece en La Colonia después del bojeo


Oscar Cruz Pérez

Eclesiastés según Stalin
Los hijos de Dios ante el Smolny
uñas rentes
lentas caravanas de hormigas
arriban a la barbarie
hoy hablaremos de la muerte
del uno por uno del uno contra uno
hoy hablaremos de Dios de Vladimir Ulianov
les propongo sangrar lustrar el cuchillo
hablemos hoy sólo hablemos del bigote
del pase de lista
de ciertas instrucciones para soplar
ah! Rosa Luxemburgo no la ROSA
en su concepto
la invariable flor de las compotas
del grupo varón en los graneros
somos gente sencilla
ante la muerte ante Dios ante Vladimir Ulianov
eso
lentas caravanas de hormigas
que arriban a la barbarie.


Luis Eligio Pérez M. Cafria

UN ANIMAL CIVIL…
Un Animal Civil marcado en la piel del alma,
digo, estar fuera de lo que “gira y gira”
como dijo Cervantes Debrán antes de convertirse.
Es el natural proceso. Yo mismo estoy
al borde mirando larga la fila de los desaparecidos.
“Estoy fuera estoy fuera” quién
es este que me dice “estoy fuera” y me marca.
Luz política. Luz de nada. Creerse cosa. Siempre
estar creyéndose cosa. Patalear dentro
de eso que “gira y gira y gira


Osmany Oduardo Guerra

Aquí nadie pregunta por la historia.
Los días se suceden impertérritos.
Una piedra tras otra, luego el muro,
y luego la ciudad que salta
más allá de los funestos barrotes.
Amortajadas, las tardes se suceden
y aquí nadie pregunta
siquiera por los cánticos dormidos,
por la escasa bondad,
por una fotografía
que cuelga, repetida, en las paredes.
Aquí nadie pregunta por la historia,
y es terrible
porque quizás la historia está en la hogaza,
en la febril burbuja,
o en la ferocidad del pez que ahora contemplo.


Nelson Simón

BASURA
La sacamos de casa.
La pusimos, en el atardecer, ante nuestra puerta
con la certeza de que sería recogida.
Sobra. Desperdicio. Envoltura
de aquello que tuvo múltiples funciones:
todo lo que quedó de una vida doméstica
planificada con austeridad.

Así repetimos, en días alternos, la pulcra rutina
y todo era nuevo, todo era aséptico y distinto: reciclable como nosotros.


Charo Guerra

En el puente
Puente de esta ciudad.
Fantasmas que va heredando el puente.
Vahos. Inmundos olores de la noche.

Sube a la orilla movediza por donde corre el tren.
Un puente dándole paso a la estructura de pánico, de horror.
Es Anna Karénina. Grita que se queda pero nadie le oye.

(Desde hace un siglo, las mujeres
son alguna vez Anna Karénina.)

Asustada. Expectante.
Se tuercen las pasiones cuando camina
bajo el puente, sobre el puente.
Y parece no importar que quede entre los rieles.

(Una más, una menos,
el largo trasegar de Ana Karénina.)

Atraviesa columnas, escaleras,
tragaluces, brechas donde se pueda respirar.
Las excrecencias se juntan a la herrumbre
del pasamanos compasivo,
asfixia saturante en su resequedad.

(Es sólo una mujer,
atrapada en el goce
del personaje y su conflicto.)

Y mientras hablas, acreditas con vicio
el simulacro de tu idea.
Idea que parte del poder.
para engullir a quienes esperan algo
bajo el puente, sobre el puente.

Idea, discurso persuasivo
donde aparece la palabra menstruo,
ola de sangre que erosiona la arena de los cuerpos
de quienes afirman ser Anna Karénina.
Anna Karénina cada día
cada año
cada mes
cada siglo.

Mustia, ajena, desapacible,
la columna la invita
y la Idea la aplasta
es el final
y otra vez será la misma historia.


Gleyvis Coro

El amor propio
Pobre de quien perdió la cuenta de las veces que lo abandonaron y ahora sólo le pesa lo vago –la huella inexacta– de aquel error sin número que no dejó de doler u ocurrir porque lo dejara de contar. Dichoso el que conservó su elegancia, manejó sin titubeos la nave de la vida y ahora nada le pesa, sino que lo cuenta, con impetuoso entusiasmo, al círculo de sus parientes. Yo no fui como ellos. Me abandonaron y abandoné en proporciones idénticas. Choqué contra otras naves la nave de la vida, y si el daño no fue recíproco y me hirieron más, no me quejo, porque todo lo que me pegó con saña, le hizo bien a mi poesía.


Alex Fleites

Caída de la casa
Al techo de la casa
le han salido manchas de
/humedad
Si se miran bien, dos rosas
/inconclusas
Aunque también dos rostros,
dos pámpanos marinos
y hasta dos soles negros
sobre nuestro breve cielo
de estar cómodamente
/acongojados
Mañana alguien, diligente,
va a reparar las lozas


Sigfredo Ariel

La gata mira llover
Absorta permanece
en la ventana
a la luz de una vela
sin comprender a Newton
sin el mínimo interés
por Newton
sino por la caída en tierra
y el sonido
ordinario del agua
extraordinaria.

A pesar de haber
atravesado
experiencias ingratas
-esterilización
visita de ladrones, la comida
hirviente que le echas
poco antes de salir retrasado
hacia el trabajo-
albergas pocas dudas:

ella forma parte de la parte
de la población del universo
que está sinceramente
en paz con Dios.


Raúl Hernández Novas

ANTE UN POETA
Veo a un niño jugar en la sonriente
calzada de la luz, la provisoria.
Veo a un joven andando en la memoria
la temblorosa piedra, lentamente.

Veo a un hombre maduro que camina
Llevando un niño de la firme mano.
Junto a un joven filial veo un anciano
Leve como la lumbre que declina.

Tiemblo al verlo pasar por los urbanos
dédalos con su paso ya rendido
y de pensar que esas sencillas manos

que tantas cosas bellas han reunido
acaben de ser polvo en otras manos…
---Las de la muerte, no las del olvido.


Ángel Escobar

MOTIVO CON DOS PAUSAS
En un rapto de piedad por mi cuerpo
quise convertirme en un contemplativo;
pero eso es tan inútil como la reputación
o la bienaventuranza.
Soy más torpe que el cínico
que celebró los actos,
o la vacuidad de los actos
o el exceso de los sentidos
o la irrepetibilidad del sujeto—:
todo cuanto digo se borra en el intento
de encontrar una sola palabra
que no me haya matado: un nombre,
un vicio, una moneda, Dios;
un sitio donde poder esconderme de mí mismo.
Los artefactos saben hablar,
y todos los dispensan;
y los gestos bestiales hallan perfume, flores—;
cualquier nacido es un dandy, juega con el Demonio,
y entra a la casa del demente, del borracho o la puta,
frenético, fanático, furtivo—
aldea o ciudadela,
pasto o buitre,
pacto o acción, o liquen o desplante,
prende un tizón y me lo paga el alma—
y el alma vuelve a ser de la candela.
Todo está por ganar; todo está por perder.
La contemplación tiene un muerto,
y un retoño podrido en la atalaya.


Reina María Rodríguez

VIOLET ISLAND
Yo conocí a cierto hombre, un hombre extraño.
cuidaba cada día y cada noche la luz de su faro,
un faro en la medianía que no indicaba mucho,
un faro pequeño para embarcaciones de poco nivel
y oscuros pueblos de pescadores. allí, en su isla
él intercambiaba con su faro las sensaciones
esperando cada día, cada noche, esa otra luz
que no vigila la persecusión de algún objeto,
esa otra luz que no ilumina nada,
otra luz reflexiva, que cruza hacia adentro,
la distancia entre el puerto seguro del sitio
y el ojo que mira volver, por encima y transparente,
la ilusión provisional que se eterniza:
esa curva del ser tendido junto al faro
sin precaución ni límite, para ser o tener
lo que imperfectamente somos, nada más,
que soñar lo que sueñe y estar donde está
sobre las quietas aguas y apagarlo todo en el cuadro
de un día y ser nuevo otra vez hacia la madrugada
junto al faro pequeño y perdido de Aspinwoll,
sin siquiera imaginar que existe algún deseo
fuera de desear la breve luz que cae, anocheciendo,
sobre las quietas aguas y los sonidos muertos ya
de aquellas olas, que en otro tiempo, fueron su pasión;
su dolor, de gozar y sufrir, un refugio sincero.
como el guardafaros de Aspinwoll, sólo en su faro,
yo me quedo dormida, a pesar de la intensa luz que cae
y sobresale por encima del tiempo, a pesar de la lluvia
golpeando el espejo de los peces blancos,
a pesar de aquella luz espiritual que era su alma,
yo me quedé dormida entre el puerto y la luz,
sin comprender: quería, sólo quería un tiempo más
para volver aprendiendo, no sobre la resaca de la conmiseración
donde atan su mástil los desesperados;
no la fortuna auténtica de vivir sin saber, sin darse cuenta;
no la luz provisional que se eterniza y finge lo que seremos
o el miedo de poseer la realidad opaca, intrascendente.
yo quería la vida sólo por el placer de morir, sobre las quietas aguas,
junto a los peces blancos y estaba impaciente
porque sucediera todavía la reedición de mi inconsciente
para que alguien hallara allí lo no tocado, la otra voz,
no de este ser intermediario, un cuerpo para medir las grietas
bajas; un cuerpo para la violación de un yo impracticable:
yo me quedé dormida, inconsecuente, en la imaginación
de ese otro en la distancia, suficientemente avanzada
para tener iluminación propia en Aspinwoll, pero fracasada
también, oscurecida, como el guardafaros sobre las quietas aguas
de lo que imperfectamente somos, en la medianía
de un faro que no indicaba mucho, a través de la lluvia cálida y real de lo imposible.
soy Fela, no te conozco. este cuerpo con que vendré no es mío
la aparición será otra cosa: como despeñarse, una avería,
un silencio.
y si pierdo? o si gano? o si atravieso el foso vertical?
me acerco a los animales como únicos sobrevivientes
maravillados con el ocio de la luz
y estos pastos vacíos que atravieso con horror
y llamándolos, me acerco, a dónde van, a dónde van todos?
buscando donde asir lo que hubo de cierto
y sin espejismos del desastre de ser como únicos sobrevivientes
del faro en su vértigo tal vez los haga comprender mi intención
de contar todavía alguna sombra, alguna luz.
no quiero domesticar a nadie más.
que ellos penetren con su sabiduría en mis voces
y se acerquen sin ser, sin pedir, sin darse cuenta
pero conociendo desde el doblado ojo enrojecido, otro lenguaje,
otra profundidad que no marque lo seguro, ningún término,
ninguna valentía, sólo estar donde estamos y posarnos
como inteligencias diferentes en la sensación, prestándonos
dolor, angustia, alguna llama estable.
y ahora dime… gime al oído
fue una ciudad con puerto.
los nombres de sus barcos profundos
anclaron alguna vez aquí.
nombres raros con esmaltes muy fuertes
y encendidos.
estábamos rodeados de horizontes y de agua,
porque los puertos permiten olvidar y recibir
olvidar y volver.
fue una ciudad con puerto
donde ya no se ha ido ni ha vuelto nadie más.
una niebla permanente cubre la tela del fondo
todavía azul y humedecida del invierno
y el descolorido ondear de las banderas
agujereadas por las sombra.
si bien antes fue un límite
cuando salías a mirarlo y correr
ahora es sólo la apariencia de un límite
el sonido de las sirenas muertas
que ya no suenan a través de ti
ni se confunden ni te llaman.
pero en dónde está el puerto?
¿y los barcos?
¿y el faro?
¿y los hombros de los marineros convidándote
a otros puertos oscuros?


Roberto Méndez

APUNTE EN LA SOMBRA
Estoy detenido
ante la raya del amor oscuro.
¿Quién va a librarme de la acechanza del mar,
de las voces que recuerdan
lo indeseable?
El miedo de la tiniebla
está en las olas
que acercan y alejan
las manos de los atormentados.
En la casa duermen,
basta una puerta o el crujir de un mueble
para que vuelvan a sus días.
los ahogados,
los que cambiaron el aire
por las madréporas,
los que no tienen más jardín
que los barcos lejanos
llaman en el terral,
con ellos los instintos.
Voy a desnudarme,
pero el amor oscuro está ahí,
imponiendo su paladar de muerte.


Damaris Calderón

ESTA SERÁ LA ÚNICA MENTIRA EN LA QUE SIEMPRE CREEREMOS
La fuerza de admitirla tantas veces.
Hoy
alguien intentará leer el ojo de un vecino
con el fin de saber si la tristeza
(esa muchacha indócil que va escupiendo amor)
es una amiga sádica de siempre
o un pez muerto nadando en la garganta.
Sería difícil disfrazar la felicidad.
(A ella siempre le quedaría corrido el maquillaje.)
Pero de todos modos tendrás que perdonarme
que no te ladre amor junto al oído.
Podrían despertarse muchos muertos
que están bajo nosotros.
Es una historia triste
jugar a ser perfectos.


Marilyn Bobes

Memorias Del Magnífico
Cuando tú eras magnífico
cientos de naves venían a estrellarse
en los desfiladeros de mi sombra.
Yo miraba en tus sueños
con la inquietud del náufrago
y jugaba a nombrarte monarca de las islas
mensajero del aire.
Cuando tú eras espléndido
mi cuerpo el cantil que frecuentabas
y yo una especie perseguida en vano
escuchaba en el viento encantadoras
músicas
levantaba mareas
y subía por la furia homicida de tus olas.
Sólo la claridad nos inundaba.
Ah, cuando tú eras magnífico.

(Epígrafe de Vicente Aleixandre)


Osvaldo Ulloa Sánchez

DECISIONES
Ella se ha dormido desnuda de agitaciones
me entregó todo lo que guardaba
desde el día en que la abandonaron.
Yo no puedo dormir fumo y miro en la oscuridad
tanto tanto que me pesa
el no saber si yo también la dejaré.


Soleida Ríos

UN SOPLO DISPERSA LOS LíMITES DEL HOGAR
¿apuntalar al niño alucinado?
¿sacar la cascarilla del vacío
hecha pasta de más de veinte años
en su pasmosa deglución?
¿alzarse el cordón de los zapatos? ¿mostrarle
mira esta es la punta de tu pie?

todo fue un espejismo los árboles no huyeron
era mentira la velocidad
nadie se fuga a doscientos kilómetros por hora
adentro de tu oreja

mira cómo se agolpa la gente en las esquinas de los parques
oyendo bramar como un bendito al toro que es capado
mira cómo se van en la distancia

las máscaras
en fila
despacio
sonriendo
otra vez a esperar
las píldoras del próximo espectáculo

apuntaste tu corazón para la lluvia era mentira
la lluvia estaba detrás de los telones
compréndelo el mundo está lleno de telones
la casa simula ser la casa y la lluvia simula
y lo que moja el falso techo no es más que fango diluido
pero el cuerpo también —en sus dos aguas— simula ser
el cuerpo era mentira
no hubo padre ni madre sino un cielo prestado
adonde fuiste a colgar unas palabras auxilio
el columpio se mece el planeta se vira de revés
compréndelo
la luz se invierte simula ser la luz
no es el tiempo el que dicta la corrosión de las palabras
allá en el tiempo de los asesinos
un niño terriblemente alucinado glorificó su edad
era mentira
ahora mismo presente pasado y porvenir
se juntan en el vano de la puerta
enséñales la punta de tu pie
son solamente víspera compréndelo
traga el veneno a fondo
el mal simula
el bien simula ser el bien.


José Pérez Olivares

TRES ELOGIOS (fragmento)
1. Del ojo ciego
No está tan ciego el ojo que no ve
como el ojo que ve y no mira.
No está tan solo en su ceguera
quien ve nacer dentro de sí
una débil y misteriosa llamarada.
Llamemos ciego
al ojo que pasa de largo frente a las cosas.
Apiadémonos de su incapacidad de ver.
Musitemos junto a su oído:
“esto es un árbol”, “esto es una rosa”.
La ausencia de visión
no es ausencia de la capacidad de ver.
Ven los videntes, los demás miran,
los demás creen ver.
Y confunden una rosa con la rosa,
confunden un árbol con el árbol.
Apiadémonos de los que no tienen ojos
para leer las hojas de un árbol,
de aquellos que confunden la rosa
con el perfume que emana de ella.
Apiadémonos del que tantea un objeto
y lo confunde con su forma exterior,
y cree que todos están hechos
con la misma irremediable materia.
Apiadémonos del que olvidó la infinita forma
de la forma,
apiadémonos de la oscuridad que reina
en sus pupilas.
El secreto no está en la imagen, sino en ver.
La verdad no consiste en percibir,
sino en el acto de posesión.
El ojo ciego se ríe del ojo que no ve
porque en la oscuridad ve mejor las cosas.
La oscuridad es la meta de todo verdadero vidente.
La noche, la eterna noche
es sustancia de la luz.


Odette Alonso

Antesala Del Miedo 
Supe de la neblina
y salí al mundo.
El miedo era un planeta extraño
verte venir desde la acera opuesta
toda tu luz burlando el mediodía.
Yo que apuré el asfalto
todo el viento del mundo reteniéndome.
De qué sirve el amor
qué extraña esencia nutre su llegada
para que se convierta en una espera
en una melodía.
Calle para mis pasos
y el mar que desemboca a la vuelta de tus ojos
como el deseo de ser mar
encrucijada.
Qué luz viene de ti que me enceguece.
No puedo darte la felicidad sino su anverso.
Voy a decir amor trazo de sombra y no te marches.
El miedo es un planeta absurdo y cierto.


Juana García Abás

EL ARCA
Conviene descifrar las aporías
—saber qué piensa Dios—, tomar la ruta insólita;
si el infinito es un continuo con la belleza de lo inevitable,
el desvío triunfa donde naufragan los sistemas,
los cánones, los collares votivos:
cuando lo inadmisible espesa los venablos
y el enrame se descompone —el resto son detalles.


Carlos Pintado

MANUAL DEL CONDENADO
Debo tu nombre al reino, oscuro pueblo.
por una de tus calles he mirado
el palacio de Cnosos, las ventanas
abiertas al abismo y a la noche.
Pienso en Dushara, su secreta historia,
y en las altas batallas de Numancia
que acaso ocurrieron sólo en sueños.
Entre muros de piedras he dormido
y he vislumbrado el alba en un instante.
Sé el oscuro misterio de los templos
y esa imagen de Kaaba con su piedra
de sacro mármol negro, misterioso.
Yo he querido morir en estas calles.
He querido encontrarme con mi muerte.
Solitario me escurro entre las sombras.
Otra gloria no quiero. Todo es sueño.
Desde aquí me desmienten las penumbras.
Mis pasos ya se pierden sin destino.
La condena de un hombre es mi condena.
Aquí puedo decir, oh, ciegos dioses,
no existen ya las luces ni las sombras,
ni la rosa, ni el bosque, ni el estuario,
ni la espada del último guerrero,
ni el oro de esas tardes tan lejanas,
ni el anillo de Odín ni de sus elfos,
ni el recuerdo que el Nilo me prohíbe,
ni el cuerpo que he lanzado hacia las aguas.


Jorge R. Bermúdez

LA INSULA INFINITA
Juan de la Cosa,
Experimentado cartógrafo del Rey,
Sabe que las derivaciones hechas
Y días transcurridos de navegación
No auguran continente alguno.
Aquella tierra tan arbolada
Que no se cansa de admirar desde la nao,
Es tierra de un mar
Que tiene sus mejores sitios
En las numerosas bahías,
Seguras, espaciosas y profundas,
Como en la que ahora están.
Dios y él saben
Que es una ínsula…
Entre las más grandes y hermosas
Que ojos humanos han visto;
Pero el Almirante de la Mar Océana,
Espada en mano,
Le obliga extender el dibujo de la costa
Hasta más allá,
Donde su real perfil se quiebra…


Ketty Margarita Blanco Zaldívar

YO LA ESCÉPTICA
El vuelo del pájaro ya no me convence,
la debilidad del viejo
creo que es ficticia,
la bondad del pobre, capa que le cubre.
A veces está solo el que tiene gente
que le dice bravo;
no creo
que ciertos peces naden.


Daniela Díaz Álvarez

HEREJÍA
I
Dios inventó los miércoles.
Construye el sollozar del clarinete,
cabalga por las uñas.
Quise probar mi inocencia.
Escribir sin miedo a las arañas.
Voy directo a la cúspide de tus arrugas
no existentes.
Si te beso y olvidas los pies
ya no importa… “ya no importa
cuánta vejez se acumula en estos años”.

II
Dios inventó el clarinete.
La esencia exótica
que deambula como mágica bruja
ansiosa de beber la fragancia de tus óleos.
¿Mis tobillos…? Humm…
Están envueltos en esmaltes.
Dios inventó los miércoles como días comunes.
Yo, creyéndome Dios, reinventé la flauta
para amarte como Dios ama el clarinete.


Ariesky Castillo Reyes

VENTANA
Esta ventana vieja se quedó sin palomas
mirando una ciudad
de carretillas y escombros,
guardando una pedrada al sur
de sus cristales,
donde respira el humo de un viejo almendrón.
Esta ventana
herida de codos solitarios,
a veces el café de tantas lunas
en el aullido de perros donde nació mi insomnio,
sostiene una sonrisa inmortal,
(sabe mentir muy bien).
Muchas veces
he escuchado su tos por las termitas,
el profundo gemir de sus ocres bisagras
las grietas que al sol
salpican la pared,
sin dejar de parir los techos de una ciudad-milagro
terriblemente firme,
que no se hace mortal como ella,
para morir conmigo.


Luis Alfredo Vaillant


BESTIA

He sido la bestia más dócil detrás de los barrotes
he logrado perpetuar mi propia jungla,
cada rincón tiene el olor de mis desechos.
Miro la mano del velador
da lástima su desvelo por cuidarme
su temblor cuando pone la carne que después devoraré,
él no sabe que he llegado a amarlo
no sabe que sería imposible una mordida
su mano es hermosa, la única compañía,
la mayor virtud de los humanos.
Nunca he visto el rostro de la mano que se estira
imagino el miedo reflejado en su mirada, el sufrir de su contienda
no intento mirarle a los ojos, insisto en cada uno de sus dedos
mi cabeza se hunde, me resisto, el olor invade cada espacio
he soñado el sabor de su carne entre mis fauces
pero he sido la bestia más dócil detrás de los barrotes.


Elaine Vilar Madruga

VINI, VIDI, VINCI

La crueldad me preña
cuando enseño los pulgares:
arriba doy la vida,
hacia abajo la quito,
mientras la sospecha me aplasta la cabeza
en el instante en que pude aprender mi nombre.
He conocido cómo flotar entre las arterias de los años,
soy un animal desposeído
y la desdicha habla a retazos de mi tiempo:
pulgares arriba
pulgares abajo,
nadie sabe más,
a nadie le importa el saqueo de las ciénagas.
La vida ha desbordado el dolor de los asedios.
No quisiera ser un héroe.
No quisiera morir entre tirones.
La vida me parece inagotable
aun
si me hacer sentir una víctima inmóvil,
un trozo del párpado de dios,
un embrión,
la partícula desposeída de la decadencia.
La crueldad ha preñado mi cerebro,
ha creado el nudo entre mis ojos,
la crueldad me da hambre,
socorre el cáncer de mi miedo
y preña todo aquel instante en que agonizo,
los jirones del tiempo desarmado
en que pude elegir sobre las víctimas.
Ahora solo queda la inmovilidad,
el desafío de encontrarme entre estas letras
mientras la sangre baña mi cabeza,
las arterias del tiempo han sido desbrozadas
y en el espejo queda sólo mi sonrisa.
He olvidado los pulgares
y las manadas de los perros me buscan,
huelen lo que soy y lo que miento,
el ángulo de la heroicidad que me socorre.
A la mierda los héroes.
Su inocencia me conmueve,
Piensan en las quejas oscuras y sin nombre,
en las riberas marchitas de la trascendencia.
Yo sólo quiero una mano,
mi mano,
el embrión inmóvil de mi espacio.
He desperdiciado la heroicidad y la mentira,
soy la víctima de todo y de nada:
el tiempo me ha anudado la garganta.




Yanelys Encinosa

LO DOMÉSTICO

Mi amigo tiene su traje anclado a la aleta de un avión
cuando aterriza se desnuda
y vuelve a casa para dormir en paz
sueña con aviones y con peces de colores
el avión se rompe a veces
pero el traje permanece allí
dispuesto al vuelo como su sueño
ahora observo a mi amigo quemar su traje
muy lejos de casa
tiene los ojos bien abiertos
no volverá a dormir.



Iván Gerardo Campanioni

ESCUCHAR LA VIDA

Yo quería ser original
No una copia de papel carbón
Tal vez como el mar
Que cambia de carácter y de color
según las estrategias de la Luna
quería que mis manos
se convirtieran en fruteros
donde la mayoría
tomaran sus frutas predilectas
y dejaran sus cáscaras
y sabores como despedidas
quería gritar con mis propios gritos
caminar con mis pasos
mirar con mis ojos muy lejos
al final no me aseguraban
la certificación de mis prioridades
alegaron que era un caminante
carente de brújula
que era muy elástico
que mi baba era demasiado pegajosa
que por ahora no podía ser ni efímero
pintaba el cielo de verde
el mar de rojo
las palabras las convertía
en remaches incandescentes
y las insinuaciones de los ojos
las descalificaba
les mostré mis heridas recicladas
mis alas de ángel jubilado
pero no retirado
mi tarro de unicornio azul
mi M-1 tan estropeado por las veces
que apreté el gatillo y soñé
¿verdad Vallejo?
Pero no valió de nada
Se fueron a merendar a cotejar
Los pocos silencios que me quedaban
Una noche fría
Me citaron para la plaza de las humillaciones
Y estando la Luna
Cubierta de negros nubarrones
Me degradaron hasta el fin del Mundo
Se habían percatado
Que desde el principio
Me aparté del guión.



Marcel Lueiro

CIANÓTICO

(cuerpo humano horizontal. en pecera cerrada. 18 x 4 mts.)
ni la tinta
diluida en agua sus círculos
como espectros, vocean
ni el rodar del obí
cuesta abajo por sus praderas
de mimbre
ni el vientre del buey
abierto de un tajo
sobre el firmamento
extendido
en púrpuras
constelaciones
supieron
predecir mi futuro
aún hoy llevo tatuadas en el pecho
las no cartografías


Oscar Kessel

Dama del exilio

No preguntarás cuál es mi tierra
No es que allí se holgara el ruiseñor
(la alondra, el arriero...)
que pájaros y peces
los cielos y las aguas
no quisieran contarte de bella geografía:
siempre será hermoso el paisaje
que acuñado en el ojo
testifique por la memoria de los días.
Creo haber dicho ya toda elegía
todo canto memorial por el terruño
o la ciudad amada
pues la patria del hombre
fue siempre el sitio
en que designio nos tiene confinados.
Habría sí,
palomas que veloces columpien los relojes
grises torres que el tiempo verdea
el puente, el almenar, el rústico campanario
de la iglesia del pueblo...
De seguro los recuerdos andarían desnudos
recorriendo las calles, visitando
a los muy amados muertos, esos
que para siempre velaran por las casas.
Cada hoja caída que dejamos al paso
intacta cicatriz en el árbol tutelar,
parajes que evocados tienden encrucijadas…
Pero, ¿quién no sabe de esos caros caminos
que a la ida o la vuelta
nos pintaron la prisa o el ensueño
el dolor, la impaciencia, la prístina esperanza?
Los pasos no;
los pasos no se tejen en la hierba o el asfalto
la grava o la arena;
Allí sólo es la huella.
Los caminos se hicieron siempre en la esperanza
a punto tal
que el pasado comienza a donde alguna acaba.
No preguntes entonces
si fue cedro o ciprés
nogal o mangle
la vara con que mi padre
remendaba sus naufragios.
Si ciruelo o naranjo
lo que acunó mi madre
en los días de mi infancia.
Mi origen es el tuyo:
los árboles fueron creciendo allí
se hizo ésta la vera del camino
un tanto más allá se levantó la casa
el patio de mis juegos fue de arcilla
o de hierba, de hormigón o de la áspera caliza
no lo sé. Nadie puede saberlo
¿Quién puede decir si del follaje del sauce gimiente
o de la hirsuta fronda del cocotero
era el susurro con que sellaba el viento
la entrada del otoño por la senda de mi puerta?
¿Escuchas?
Escucha:
en todas partes sentimos como nuestra
la tierra que amamos
y nuestra es, porque al cabo
no somos otra cosa
que amantes de sirenas.
Mijo o avena cebada o maíz
en cualquier colina que apuramos el grano
se nos dijo que habíamos nacido
¿y cómo no reencontrar el aire del la patria
o redescubrir a qué sabía el agua
por el sólo crepitar de éste o aquel molino?
En un punto del pecho se nos fundó la patria.
Con toda leña calentamos el hogar
y con todas las fibras tejimos los canastos,
las telas, los tapices
y ellos urdimos unas tramas tan hermosas
como en las cabelleras de las hijas del sol
las vasijas que usamos lo son del rojo cobre
o del caolín polvoroso
o de la negra arcilla
y en ellas canta el agua
la canción de las vírgenes
y de ese modo
vasta es su transparencia.
Con la noble bellota de ese arbusto
maceramos los polvos aromáticos
y de este oscuro fruto
el vino espiritoso
para holganza de todo caminante.
No se levantó de entre los míos
el herrero que de brunos metales
forjó la daga con la que mutilaron
el costado del que sufre.
De ángeles y de bestias
fue el legado que encontraron mis hijos
Le dimos a escoger
un sitio por fundar
en la anchurosa tierra del Hombre
cuánto moldeó a su antojo
cuánto le fue negado
son noticias que aún
escudriño en el viento.
No preguntes entonces por mi tierra
porque me fuefundada en un punto del pecho
que desgarrado dejé entre mis hermanos
cuando monté a la grupa de cierto Toro Blanco
sobre el que encantada
cabalga una princesa.




Luis Jiménez Hernández



Una banda de jazz, un organillero…



* Una banda de jazz, un organillero,
el árabe de la plaza arenosa.
Las gaitas y las tablas agitan el panorama,
el rostro de un mono dentro de una cuenca de aguas termales
el silencio de las nieves del Kilimanjaro
y dios en las plegarias, multitudes
unidas ante un tiempo interminable.
A donde van todos en este milisegundo
En el que todo se convierte
en esa luz displicente que transmite su aura
dentro de la fibra óptica.

* Por donde baja la luz
la brisa arrastra de la chatarra
la muerte,
se convierte en una sombra multicolor
que se esparce
como el sabor del óxido entre los dientes.

* En la radio la imaginación
planea su fuga por encima de las antenas
/la sombra desde su bocina
tiembla un /espiritual algodonero/

* Tranquilidad y paciencia
dicen los otros en la esquina,
decidí mirar los botes en la bahía.
La suerte de las provincias
es su extensión, de manera causal
me quedé con las luces
en la oscuridad inmediata del océano.

* Las aves de Kuk inundan la estación
con una saya de colores intermitentes
la chica de la ventanilla mira el andén,
los raíles dibujan un laberinto interminable.
Espera ver el océano,
reconocerse allí entre tanta agua.

* Zumban las terminales y su música
entra por los cables, ciudad y luz,
gente y fibra conviven
entre el frio y el verano.
Todo mezclado claro oscuros
entre el viento y el mar,
la vida pasa como una bibijagua-eterna
dentro y fuera de los canales de navegación,
miles y miles de millas en un instante.






Sergio García Zamora




DIARIO (PERSONAL) DE CAMPAÑA




Lola, jolongo, llorando en el balcón. José Martí
La turbación que eres
sale al balcón de la patria
a llorar por la patria.
Carga el jolongo a través de ciudades
que lucharon contra lo colonial
y hoy sobreviven gracias a lo colonial.
Sortea el mar inexistente de Santa Clara
creyendo llevar el remo de proa,
el remo de tu vida, por supuesto, el único remo.

La turbación que eres desembarca
en las costas que son otros,
en las playas de Caibarién o Matanzas
si es posible.
Ciertas familias le dan cobija
como a insurrecto, como a prófugo;
ceden su cama para ti, sus jarros de miel,
el café que la turbación degusta
mientras lee poemas para la turbación ajena.

Después del día mambí,
cuando el cuerpo se tumba en la hamaca,
en la hamaca del sueño nacional
a dormir la turbación,
las acres cosas de tu vida
parecen, no sé, un poco dulces.