domingo, 1 de marzo de 2015

Hasta ganar la edad

Una fragosidad de excitación rompe el abandono
y califica los roces
mantenidos entre las sombras
El hombre que indaga hasta lo conclusivo
su sutura de expiración
se amordaza cualquier quejido en un gesto


Callado de vestigios
en una inclemencia recurrente
en donde el vislumbre
no se resigna a su desplome
y no ciertamente como una centella
sino tal una media exclamación inexacta
Designando pieles que acaecen márgenes
de cuchilladas acumuladas
entre sandeces de la inmadurez
lanzada en las escorias que propician la cólera

Una apetencia inacabable y la matriz se abre
proporcionando lucimiento al origen
Pero torna a cerrarse
desamparada ante la muerte
Mal concurren las voces —todo es rugido—
la avalancha de sangre anega en las bocas
que infructuosas aspiran suspiros al aire
Desde los cardinales surge la tenebrosidad
que ennegrece la tierra
El resplandor subsiste
al garete por los imposibles
y el oxígeno infausto —contaminado—
refuta cualquier mixtura
que transmute el rugido en canto

El tiempo agasaja su mortaja
la ternura delata al sentido
la contemplación retrocede a los subyacentes
en donde el fulgor no acierta su evasiva
y flor y luz son violados
por una precipitación de intuiciones relegadas
—reversos alucinados de algún sueño—

Tarda a su antifaz
la existencia planea su fin
y se concibe subjetiva
a la zaga del pensamiento
El principio —quebrantada apertura—
coqueteó una vez a mi semblante
me apartó y me atascó
para facilitarle espacio a mi vacío
Apreté mis puños al viento y ególatra
igualmente tiré mi primera argucia
y me apoderé de un ímpetu a mis cabales
que a mis adentros me corroe
ante los vaivenes obligados
por los que arrumbé desnudo y desguarnecido
—a mera verga—

La procacidad vino a mi piel
y disfruté de las ajenas —las preferí—
La neurosis me embriagó a desafiar el mundo
Insanias me elevaron a hostigadas preguntas
que escarnecieron a mi pecho
el hedor de masacrados desatinos
—pago doloroso
al desenfado ante los cánones—
Me postré enmudecido a mi sed
y me marché     paso a paso     hasta ganar la edad
de comprender el transitar —sin rasgar quimeras—
cual un hombre honrado

 
 Pichy